viernes, 17 de agosto de 2012

MEDITANDO...


Me siento a meditar y cierro los ojos. De repente y casi sin proponérmelo, se agolpan en mis oídos los ruidos de la vida. Quiero descansar la mente y el mejor lugar para hacerlo es a través de mi propio corazón. Porque mi mente es inquieta y juguetona. Me hace brincar de un lado a otro… como ahora que escucho el sonido hermoso de los wind chimes de mi vecino. ¡Son los cristales del arcoiris movidos por el viento que están junto a su Budah!

Creo que el único lugar donde mi mente halla paz es en el silencio del corazón. Repito nuestra palabra secreta… 
«....... ».

Es interesante pensar que somos una expresión –y, a veces, muchas– de Cristo. No estoy sola en el universo. Hay más seres conmigo. Como ahora que con sólo imaginar brevemente veo ángeles… y astros… y cielos infinitos… con sus soles y sus lunas…

Entonces, vienes a mí… radiante y sonriente… vestido de blanco… sereno y divino… Te digo: 

«Creo en TI porque me amas, porque llenas mi corazón de gozo y de paz .»

(Chari González C. © 2010, Library of Congress. Todos los derechos reservados)

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