Me
siento a meditar y cierro los ojos. De repente y casi sin proponérmelo, se
agolpan en mis oídos los ruidos de la vida. Quiero descansar la mente y el
mejor lugar para hacerlo es a través de mi propio corazón. Porque mi mente es
inquieta y juguetona. Me hace brincar de un lado a otro… como ahora que escucho
el sonido hermoso de los wind chimes
de mi vecino. ¡Son los cristales del arcoiris movidos por el viento que están
junto a su Budah!
Creo
que el único lugar donde mi mente halla paz es en el silencio del corazón. Repito
nuestra palabra secreta…
«....... ».
Es
interesante pensar que somos una expresión –y, a veces, muchas– de Cristo. No
estoy sola en el universo. Hay más seres conmigo. Como ahora que con sólo
imaginar brevemente veo ángeles… y astros… y cielos infinitos… con sus soles y
sus lunas…
Entonces,
vienes a mí… radiante y sonriente… vestido de blanco… sereno y divino… Te digo:
«Creo en TI porque me amas, porque llenas mi corazón de gozo y de paz .»
(Chari
González C. © 2010, Library of Congress. Todos los derechos reservados)

